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Capitulo 8: El Desierto de los Galopadores
Los grilletes se cerraron con fuerza alrededor de las manos de los pandas. Andrias ni siquiera podía decir nada, aún estaba afectada por el sueño del que acababa de salir. Los vaqueros eran ocho contando con el sheriff, entre ellos se podían distinguir diferentes razas. Desde coyotes, lobos o monos, hasta bueyes, burros o caballos. Todos ellos lo suficientemente enfadados con los pandas como para llevarlos a rastras con el cañón de sus pistolas sobre sus cabezas.
-Sois sospechosos de robo, asesinato y violación de los derecho de los galopadores-habló el sheriff en un tono tajante mientras caminaba con dureza-Seréis juzgados y ejecutados como es debido.
Nil estaba nervioso, tanto que no podía dejar de mirar a Capi esperando a que ella los salvara con alguna de sus estratagemas mentales, pero no hacía nada, la panda gato parecía haberse quedado estupefacta con lo que había visto en la mente de la loba salamandra, o quizá le había dejado perpleja la actitud del sheriff. Fuera una cosa o la otra, Capi Rosa Blanca no estaba en este mundo.
-¿Qué hemos robado?-preguntó Capi con frialdad.
De repente algo golpeó su nuca, se trataba de la culata de uno de los revólveres que sujetaba el coyote con la cicatriz en el ojo izquierdo. No tenían derecho hablar, al menos hasta que salieran de allí.
-Silencio-susurró el sheriff mientras les indicaba que se detuvieran.
El caballo se movió con destreza, se arrastró por las paredes y giró la esquina para comprobar que era lo que se movía en la penumbra. El pasillo en el que se encontraban estaba repleto de columnas con extraños grabados de los que Andrias aun tomaba nota mientras caminaban. Aunque fuera de esta forma, los ternadianos iban a salir de las ruinas, ese era el plan de Capi.
Los segundos transcurrían con delicadeza, el sheriff aún no había vuelto y su patrulla se estaba poniendo nerviosa. Uno de los dos monos dejó a los presos atrás, junto a Andrias, la cual se mantenía ensimismada con uno de los dialectos que parecía narrar interesantes historias de dioses, y la patrulla avanzó para apoyar a su líder.
El panda tuvo de nuevo esa sensación de estar siendo observado, algo se movía en la oscuridad, algo que él no podía ver. De pronto, Capi salió disparada por los aires hasta quedar oculta tras una de las columnas, una mano rodeó la cintura de Nil mientras otra tapaba su boca y lo llevaba a esconderse tras otra de las columnas, al lado opuesto del de su compañera.
-No pasa nada-habló una voz familiar.
El tacto de aquel pelaje blanco de piel azul provocó que Nil se ruborizara. Realmente era él, había vuelto después de tanto tiempo. Un destello blanco surcó el tramo que formaban las columnas en las que los pandas se mantenían ocultos, algo que ninguno de los dos pudieron advertir de que se trataba.
Oterry de Alreos giró el cuerpo del panda de tal manera que ambos quedaron abrazados, rostro con rostro. Los rojos mofletes de Nil ardieron como velas cuando un par de ojos grises se clavaron en él.
-Siento no haber estado-habló el dios-Pero el mundo enloquece ante las sombras.
Los grilletes que ataban las manos de Nil desaparecieron mientras el conejo permanecía ahí, perplejo, mirándole, como si hubiera deseado durante mucho tiempo hacerlo. El panda no podía decir nada, se había quedado completamente bloqueado, aun así pudo sonreír, sentía algo muy cercano a la felicidad.
-Lo siento-habló Oterry de nuevo-Mi tiempo aquí ha expirado. Intenta no morir-y desapareció, sin dejar rastro alguno de su existencia.
Un alarido obligó a Nil a regresar al mundo real, algo había ocurrido en su ausencia, algo que le había podido costar la vida. El panda salió de su escondite para descubrir la imagen más macabra que jamás había visto. Todos los vaqueros estaban petrificados como estatuas, todos y cada uno de los miembros de la patrulla del sheriff formaban parte del adorno antiguo de las ruinas.
-¡Oh dios dragón!-dijo Capi mientras se colocaba junto a él.
Andrias no entendía muy bien lo que pasaba, había vuelto a perder la noción del tiempo y el espacio mientras estudiaba. Conocía a cada uno de los vaqueros que habían quedado petrificados, recientemente vivía con los galopadores, pues en su vida de estudio continuo siempre tomaba la ciudad más cercana a los asentamientos antiguos para tomar descanso.
-¡¿Qué ha pasado aquí?!-gritó el sheriff que aparecía de nuevo en el lugar.
Los ingredientes de la escena eran diversos pero todos apuntaban a un solo culpable. El panda no tenía grilletes que detuvieran las manos con la que, con anterioridad, había conjurado magia. Su expresión inocente era la justa como para poder ser culpable sin llegar a aparentarlo, no hacían falta muchas más cosas para que el sheriff caminara con decisión y golpeara al panda con el reverso del revólver provocando que perdiera el conocimiento por completo. Nil iba a ser juzgado y sería él mismo el que lo ejecutara.
-¿Hermano?-habló Capi.
El panda fue recuperando la consciencia, hacía mucho calor, tanto que el kimono se le estaba pegando al cuerpo. Los barrotes que los separaban eran tan gruesos que apenas podían introducir sus manos a través de ellos. Las prisiones eran individuales y muy pequeñas, además las ventanas que ambas tenían resultaban ser un arma de tortura, pues el sol azotaba sus cuerpos con fuerza, como si se encontraran en un desierto, como si estuvieran en el desierto delos Galopadores.
-Capi…-habló él algo confuso.
Los barrotes lo alejaban del exterior, los mantenían separados, aislados. Nil empezó a sentir inquietud en su interior, agonía, impotencia. ¿Habían fracasado en su misión? ¿Qué iba a pasar ahora con Ternan? ¿Sería arrasada?
-¿Estás bien hermano?
Nil no respondió, asintió con la cabeza mientras, poco a poco las lágrimas se iban deslizando por su rostro. Sus ojos parecían brillantes esmeraldas dispuestas para las manos más rápidas, su esperanza se había desvanecido d la misma forma que sus fuerzas para seguir caminando.
-No está todo perdido-habló Capi.
Las puertas de la prisión se abrieron de golpe, una silueta dibujada por la fuerte luz, que se proyectaba desde el exterior, se adentró en el interior. Dejó su sombrero de vaquero sobre la mesa y se acercó a las celdas.
-¿Así que sois los acusados?-preguntó el cocodrilo con una sonrisa ligeramente retorcida-Estáis de suerte, ningún defensor ha accedido a dar la cara por vosotros, así que no tendréis juicio, seréis ejecutados.
-No exageres-habló una voz simpática acompañada por el sonido de sus botas golpeando la madera-Siempre pueden decirnos donde están los Cristales del Oeste.
El segundo vaquero se trataba de un burro de pelaje gris y hocico blanco. Su rostro se mantenía en un gesto remolón, sonriente, como si la situación que estaba viviendo le divirtiera de alguna forma u otra. Nil se levantó y se acercó a las rejas, posó sus manos sobre las mismas mientras que, con un rostro apenado, miró a los ojos oscuros del burro.
-No hemos robado nada-habló-Estábamos de paso, desde Ternan, caímos en las ruinas a través de una apertura y nos vimos en medio de una historia que no es la nuestra. Necesitamos llegar a Esna, es urgente…
Ysergrin, el burro, se detuvo un momento a analizar las expresión y las palabras del panda. Su rostro se tornó serio durante un momento, pensativo, al menos hasta que sus ojos se desviaron hacia Capi que se mantenía sentada en el suelo.
-Dile a Horsy que quiero hablar con él-le ordenó el burro al cocodrilo-Es urgente.
El cocodrilo no dijo nada, al contrario, cogió su gorro de vaquero y desapareció a través de las puertas de la comisaría. Ysergrin se acercó a Capi, la miró con detenimiento como si hubiera algo que le interesara de ella.
-No puedo hacer nada por tu amigo-dijo él-Pero quizá pueda conseguir sacarte de aquí. Aunque,…-Ysergrin se limpió las babas de los labios-tendrías que trabajar para mí hasta saldar tu deuda.
Capi Rosa Blanca se levantó, se acercó con velocidad a los barrotes y clavó su mirada carmesí sobre su opresor.
-No hemos robado nada-habló enfadada-Y nunca me acercaría a alguien como tú… Deberías de tener cuidado con las palabras que salen por esa boca, no querrías que tu minúsculo cerebro explotara en mil pedazos ¿verdad?
Nil se quedó boquiabierto, nunca la había visto así, ni siquiera cuando la quisieron ejecutar por ser mestiza. Pero las palabras no parecieron asustar al burro, al contrario, una sonrisa se dibujó de nuevo en su rostro.
-Piénsalo-dijo él-Al fin y al cabo sé que volverás arrastrándote a mí,… todas lo hacen.
Y se fue, de la misma forma que había llegado se fue. El panda se quedó allí, perplejo, observando la actitud de su hermana, como si la ternadiana que estaba viendo en aquel preciso instante fuera una desconocida.
-Vamos a salir de aquí-dijo ella-No voy a dejar que esta gente impida que salvemos Ternan.
Pasaron las horas, los días, las noches,… Los pandas no consiguieron que ninguno razonara sobre lo ocurrido, los galopadores buscaban culpables y ellos se habían tropezado por equivocación. ¿Qué eran los cristales del oeste? ¿Por qué eran tan importantes para los galopadores?
No importaba el cómo, ni siquiera el porqué, ahora mismo a Capi solo le importaba su aspecto. Había aceptado, había accedido la proposición de Ysergrin, pero no sería su esclava, tenía un plan, algo que conseguiría que Ternan se salvara de la guerra.
-Estás preciosa-dijo una voz dulce y seductora.
El cuero negro se ajustaba a las piernas de Capi formando una provocadora silueta de ternadiana. No era un pantalón, si no unas perneras que subían hasta poco más de sus rodillas para dejar mostrar un tanga del mismo color. En la parte superior solo había un corsé que potenciaba el tamaño de sus pechos y, sobre su cabello pelirrojo un sombrero de vaquero.
-Les vas a encantar cariño-habló la yegua.
Penélope era sumamente hermosa, con un pelaje blanco como la nieve y unos ojos azules como el cielo. Su cabello era tan largo como sedoso y sus curvas parecían haber sido sacadas de algún tipo de revista de moda.
-¿Puedo preguntarte algo?-habló Capi mientras la yegua cepillaba su cabello.
-Claro cariño-respondió-Si es sobre los machos de los galopadores, no te preocupes, no dejaré que te hagan nada.
-Gracias,…-se interrumpió-Pero en realidad me gustaría saber ¿Qué son los cristales del oeste?
-Oh…-Penélope pareció alterarse un poco, pero en ningún momento abandonó su porte, una elegancia que la precedía de la cabeza los pies-Estas tierras son secas, no suelen dar alimento y la temperatura es demasiado calurosa como para mantener a una ciudad entera con vida. Los cristales del oeste fueron creados en tiempos pasados para alterar la naturaleza y conseguir que pudiéramos sobrevivir. Los más ancianos les rinden culto, otros lo ven como piedras, pero los tres cristales han estado con nosotros desde siempre.
-¿Qué pasaría si alejaran esos cristales de aquí?
-Han pasado tres días desde que os trajeron aquí, la tierra ha perdido su beneficio y el sol vuelve a calentar con mucha fuerza. Según los datos que tenemos, en cuatro días más el Desierto de los Galopadores dejará de existir y, junto a él, todos nosotros.
-Penélope,…-habló Capi-Tienes que creernos, nosotros no los robamos, estábamos de paso, hacia Esna.
-Lo sé cariño-la yegua extendió su mano, de repente esta comenzó a brillar de un intenso color blanco, la temperatura empezó a descender en la habitación-No puedo hacer nada por ayudaros. Tres han sido ejecutados antes de vuestra llegada, inocentes almas que han sido condenadas por una falsa acusación.
-¿Qué pasará con nosotros?
-Por suerte tú estás a salvo, mientras te mantengas junto a mí no te pasará nada… eres mi protegida. En cambio,… a tu amigo,…
-¿Por qué?-la interrumpió Capi-¿Por qué me proteges?
-Me recuerdas a mí-sonrió Penélope mientras hacía desaparecer aquella aura de frío-No utilices tu magia entre los galopadores. La gran mayoría solo cree en la magia delos cristales del oeste y, Horsy prohibió otros tipos de magia, usarla solo empeoraría las cosas.
-¿Horsy? ¿El sheriff? ¿Por qué es tan cruel?
Las campanas de un gran reloj resonaron en el interior del edificio. Penélope se miró al espejo y se amarró el cabello blanco en forma de coleta que, segundos después se colocó de lado de modo que cayera por su hombro derecho.
-¡Llegamos tarde!-se alarmó la yegua mientras agarraba la mano de Capi y la arrastraba a través de los pasillos del establecimiento.
La música recorría el edificio desde la parte más baja hasta los pisos superiores. Los pasillos estaban repletos de habitaciones que, en su gran mayoría, se mantenían abiertos de par en par, en ellas había camas, sillas y algún que otro cuadro, como si se tratara de alguna especie de hotel.
-Aquí somos como una gran familia- explicó Penélope mientras golpeaba con suavidad la puerta de una de la habitación situada más al fondo.
-¡Adelante!-se escuchó la voz de una hembra.
Capi no recordó momentos pasados en los que se hubiera ruborizado tanto, sus ojos rojos habían visto aquella escena durante unos segundos y, su mente parecía haber hecho el resto. Dos individuos se mantenían sobre una cama, cuerpo con cuerpo, totalmente desnudos mientras los jadeos, gemidos y chirridos de la misma, le ponían su propia música a la situación.
-Yasima-habló la yegua-La nueva ya está lista.
El macho que se encontraba encima de ella empezó a gemir de forma desmesurada, agitando su cuerpo con gran velocidad hasta que, segundos después, se detuvo y se quedó acostado durante unos momentos.
-Veamos-habló Yasima mientras sujetaba la barbilla de Capi para alzar su rostro y cruzarse con su mirada carmesí.
Yasima era una burra de piel suave, con unas curvas que dejaban en duda su verdadera edad. Su voz sonaba firme, seductora y sabia, pero su apariencia parecía no combinar a la perfección. Si la panda cerraba los ojos podía imaginar una burra cubierta por un vestido de lana y haciendo punto sobre un sofá de madera vieja. Era bastante alta, mucho más que Capi y un poquito más que Penélope, en su hocico se podía distinguir una mancha blanca y sus orejas eran bastante largas. Una larga melena azabache recorría sus hombros, despeinada y con una fragancia solo sacada de algún bote de perfume.
-¿Qué te parece la gatita, madre?- habló Ysergrin desde la cama.
-Estos ojos llenos de sangre harán que muchos paguen por ti-sonrió Yasima-Esta noche será tu debut, bailarás como nunca lo has hecho. Si no lo haces te devolveré a la prisión de la que has venido.
Un pequeño regalo de navidad. No pensaba subir nada hasta después de fiestas pero no pude evitarlo. Espero que os guste y que sigais pendientes de las aventuras de Nil Panses. 1 Saludo ^__^
Nil Panses
NilPanses
Capi Rosa Blanca
capi-panda
Oterry de Alreos
Oterry
Andrias Scheuchzeri
andriassch
Obi
obilobo
Ysergrin
Ysergrin
Yasima
Ysergrin
Ilustración
Luka02
Personajes extras
NilPanses
FELIZ NAVIDAD PELUDOS!
Los grilletes se cerraron con fuerza alrededor de las manos de los pandas. Andrias ni siquiera podía decir nada, aún estaba afectada por el sueño del que acababa de salir. Los vaqueros eran ocho contando con el sheriff, entre ellos se podían distinguir diferentes razas. Desde coyotes, lobos o monos, hasta bueyes, burros o caballos. Todos ellos lo suficientemente enfadados con los pandas como para llevarlos a rastras con el cañón de sus pistolas sobre sus cabezas.
-Sois sospechosos de robo, asesinato y violación de los derecho de los galopadores-habló el sheriff en un tono tajante mientras caminaba con dureza-Seréis juzgados y ejecutados como es debido.
Nil estaba nervioso, tanto que no podía dejar de mirar a Capi esperando a que ella los salvara con alguna de sus estratagemas mentales, pero no hacía nada, la panda gato parecía haberse quedado estupefacta con lo que había visto en la mente de la loba salamandra, o quizá le había dejado perpleja la actitud del sheriff. Fuera una cosa o la otra, Capi Rosa Blanca no estaba en este mundo.
-¿Qué hemos robado?-preguntó Capi con frialdad.
De repente algo golpeó su nuca, se trataba de la culata de uno de los revólveres que sujetaba el coyote con la cicatriz en el ojo izquierdo. No tenían derecho hablar, al menos hasta que salieran de allí.
-Silencio-susurró el sheriff mientras les indicaba que se detuvieran.
El caballo se movió con destreza, se arrastró por las paredes y giró la esquina para comprobar que era lo que se movía en la penumbra. El pasillo en el que se encontraban estaba repleto de columnas con extraños grabados de los que Andrias aun tomaba nota mientras caminaban. Aunque fuera de esta forma, los ternadianos iban a salir de las ruinas, ese era el plan de Capi.
Los segundos transcurrían con delicadeza, el sheriff aún no había vuelto y su patrulla se estaba poniendo nerviosa. Uno de los dos monos dejó a los presos atrás, junto a Andrias, la cual se mantenía ensimismada con uno de los dialectos que parecía narrar interesantes historias de dioses, y la patrulla avanzó para apoyar a su líder.
El panda tuvo de nuevo esa sensación de estar siendo observado, algo se movía en la oscuridad, algo que él no podía ver. De pronto, Capi salió disparada por los aires hasta quedar oculta tras una de las columnas, una mano rodeó la cintura de Nil mientras otra tapaba su boca y lo llevaba a esconderse tras otra de las columnas, al lado opuesto del de su compañera.
-No pasa nada-habló una voz familiar.
El tacto de aquel pelaje blanco de piel azul provocó que Nil se ruborizara. Realmente era él, había vuelto después de tanto tiempo. Un destello blanco surcó el tramo que formaban las columnas en las que los pandas se mantenían ocultos, algo que ninguno de los dos pudieron advertir de que se trataba.
Oterry de Alreos giró el cuerpo del panda de tal manera que ambos quedaron abrazados, rostro con rostro. Los rojos mofletes de Nil ardieron como velas cuando un par de ojos grises se clavaron en él.
-Siento no haber estado-habló el dios-Pero el mundo enloquece ante las sombras.
Los grilletes que ataban las manos de Nil desaparecieron mientras el conejo permanecía ahí, perplejo, mirándole, como si hubiera deseado durante mucho tiempo hacerlo. El panda no podía decir nada, se había quedado completamente bloqueado, aun así pudo sonreír, sentía algo muy cercano a la felicidad.
-Lo siento-habló Oterry de nuevo-Mi tiempo aquí ha expirado. Intenta no morir-y desapareció, sin dejar rastro alguno de su existencia.
Un alarido obligó a Nil a regresar al mundo real, algo había ocurrido en su ausencia, algo que le había podido costar la vida. El panda salió de su escondite para descubrir la imagen más macabra que jamás había visto. Todos los vaqueros estaban petrificados como estatuas, todos y cada uno de los miembros de la patrulla del sheriff formaban parte del adorno antiguo de las ruinas.
-¡Oh dios dragón!-dijo Capi mientras se colocaba junto a él.
Andrias no entendía muy bien lo que pasaba, había vuelto a perder la noción del tiempo y el espacio mientras estudiaba. Conocía a cada uno de los vaqueros que habían quedado petrificados, recientemente vivía con los galopadores, pues en su vida de estudio continuo siempre tomaba la ciudad más cercana a los asentamientos antiguos para tomar descanso.
-¡¿Qué ha pasado aquí?!-gritó el sheriff que aparecía de nuevo en el lugar.
Los ingredientes de la escena eran diversos pero todos apuntaban a un solo culpable. El panda no tenía grilletes que detuvieran las manos con la que, con anterioridad, había conjurado magia. Su expresión inocente era la justa como para poder ser culpable sin llegar a aparentarlo, no hacían falta muchas más cosas para que el sheriff caminara con decisión y golpeara al panda con el reverso del revólver provocando que perdiera el conocimiento por completo. Nil iba a ser juzgado y sería él mismo el que lo ejecutara.
-¿Hermano?-habló Capi.
El panda fue recuperando la consciencia, hacía mucho calor, tanto que el kimono se le estaba pegando al cuerpo. Los barrotes que los separaban eran tan gruesos que apenas podían introducir sus manos a través de ellos. Las prisiones eran individuales y muy pequeñas, además las ventanas que ambas tenían resultaban ser un arma de tortura, pues el sol azotaba sus cuerpos con fuerza, como si se encontraran en un desierto, como si estuvieran en el desierto delos Galopadores.
-Capi…-habló él algo confuso.
Los barrotes lo alejaban del exterior, los mantenían separados, aislados. Nil empezó a sentir inquietud en su interior, agonía, impotencia. ¿Habían fracasado en su misión? ¿Qué iba a pasar ahora con Ternan? ¿Sería arrasada?
-¿Estás bien hermano?
Nil no respondió, asintió con la cabeza mientras, poco a poco las lágrimas se iban deslizando por su rostro. Sus ojos parecían brillantes esmeraldas dispuestas para las manos más rápidas, su esperanza se había desvanecido d la misma forma que sus fuerzas para seguir caminando.
-No está todo perdido-habló Capi.
Las puertas de la prisión se abrieron de golpe, una silueta dibujada por la fuerte luz, que se proyectaba desde el exterior, se adentró en el interior. Dejó su sombrero de vaquero sobre la mesa y se acercó a las celdas.
-¿Así que sois los acusados?-preguntó el cocodrilo con una sonrisa ligeramente retorcida-Estáis de suerte, ningún defensor ha accedido a dar la cara por vosotros, así que no tendréis juicio, seréis ejecutados.
-No exageres-habló una voz simpática acompañada por el sonido de sus botas golpeando la madera-Siempre pueden decirnos donde están los Cristales del Oeste.
El segundo vaquero se trataba de un burro de pelaje gris y hocico blanco. Su rostro se mantenía en un gesto remolón, sonriente, como si la situación que estaba viviendo le divirtiera de alguna forma u otra. Nil se levantó y se acercó a las rejas, posó sus manos sobre las mismas mientras que, con un rostro apenado, miró a los ojos oscuros del burro.
-No hemos robado nada-habló-Estábamos de paso, desde Ternan, caímos en las ruinas a través de una apertura y nos vimos en medio de una historia que no es la nuestra. Necesitamos llegar a Esna, es urgente…
Ysergrin, el burro, se detuvo un momento a analizar las expresión y las palabras del panda. Su rostro se tornó serio durante un momento, pensativo, al menos hasta que sus ojos se desviaron hacia Capi que se mantenía sentada en el suelo.
-Dile a Horsy que quiero hablar con él-le ordenó el burro al cocodrilo-Es urgente.
El cocodrilo no dijo nada, al contrario, cogió su gorro de vaquero y desapareció a través de las puertas de la comisaría. Ysergrin se acercó a Capi, la miró con detenimiento como si hubiera algo que le interesara de ella.
-No puedo hacer nada por tu amigo-dijo él-Pero quizá pueda conseguir sacarte de aquí. Aunque,…-Ysergrin se limpió las babas de los labios-tendrías que trabajar para mí hasta saldar tu deuda.
Capi Rosa Blanca se levantó, se acercó con velocidad a los barrotes y clavó su mirada carmesí sobre su opresor.
-No hemos robado nada-habló enfadada-Y nunca me acercaría a alguien como tú… Deberías de tener cuidado con las palabras que salen por esa boca, no querrías que tu minúsculo cerebro explotara en mil pedazos ¿verdad?
Nil se quedó boquiabierto, nunca la había visto así, ni siquiera cuando la quisieron ejecutar por ser mestiza. Pero las palabras no parecieron asustar al burro, al contrario, una sonrisa se dibujó de nuevo en su rostro.
-Piénsalo-dijo él-Al fin y al cabo sé que volverás arrastrándote a mí,… todas lo hacen.
Y se fue, de la misma forma que había llegado se fue. El panda se quedó allí, perplejo, observando la actitud de su hermana, como si la ternadiana que estaba viendo en aquel preciso instante fuera una desconocida.
-Vamos a salir de aquí-dijo ella-No voy a dejar que esta gente impida que salvemos Ternan.
Pasaron las horas, los días, las noches,… Los pandas no consiguieron que ninguno razonara sobre lo ocurrido, los galopadores buscaban culpables y ellos se habían tropezado por equivocación. ¿Qué eran los cristales del oeste? ¿Por qué eran tan importantes para los galopadores?
No importaba el cómo, ni siquiera el porqué, ahora mismo a Capi solo le importaba su aspecto. Había aceptado, había accedido la proposición de Ysergrin, pero no sería su esclava, tenía un plan, algo que conseguiría que Ternan se salvara de la guerra.
-Estás preciosa-dijo una voz dulce y seductora.
El cuero negro se ajustaba a las piernas de Capi formando una provocadora silueta de ternadiana. No era un pantalón, si no unas perneras que subían hasta poco más de sus rodillas para dejar mostrar un tanga del mismo color. En la parte superior solo había un corsé que potenciaba el tamaño de sus pechos y, sobre su cabello pelirrojo un sombrero de vaquero.
-Les vas a encantar cariño-habló la yegua.
Penélope era sumamente hermosa, con un pelaje blanco como la nieve y unos ojos azules como el cielo. Su cabello era tan largo como sedoso y sus curvas parecían haber sido sacadas de algún tipo de revista de moda.
-¿Puedo preguntarte algo?-habló Capi mientras la yegua cepillaba su cabello.
-Claro cariño-respondió-Si es sobre los machos de los galopadores, no te preocupes, no dejaré que te hagan nada.
-Gracias,…-se interrumpió-Pero en realidad me gustaría saber ¿Qué son los cristales del oeste?
-Oh…-Penélope pareció alterarse un poco, pero en ningún momento abandonó su porte, una elegancia que la precedía de la cabeza los pies-Estas tierras son secas, no suelen dar alimento y la temperatura es demasiado calurosa como para mantener a una ciudad entera con vida. Los cristales del oeste fueron creados en tiempos pasados para alterar la naturaleza y conseguir que pudiéramos sobrevivir. Los más ancianos les rinden culto, otros lo ven como piedras, pero los tres cristales han estado con nosotros desde siempre.
-¿Qué pasaría si alejaran esos cristales de aquí?
-Han pasado tres días desde que os trajeron aquí, la tierra ha perdido su beneficio y el sol vuelve a calentar con mucha fuerza. Según los datos que tenemos, en cuatro días más el Desierto de los Galopadores dejará de existir y, junto a él, todos nosotros.
-Penélope,…-habló Capi-Tienes que creernos, nosotros no los robamos, estábamos de paso, hacia Esna.
-Lo sé cariño-la yegua extendió su mano, de repente esta comenzó a brillar de un intenso color blanco, la temperatura empezó a descender en la habitación-No puedo hacer nada por ayudaros. Tres han sido ejecutados antes de vuestra llegada, inocentes almas que han sido condenadas por una falsa acusación.
-¿Qué pasará con nosotros?
-Por suerte tú estás a salvo, mientras te mantengas junto a mí no te pasará nada… eres mi protegida. En cambio,… a tu amigo,…
-¿Por qué?-la interrumpió Capi-¿Por qué me proteges?
-Me recuerdas a mí-sonrió Penélope mientras hacía desaparecer aquella aura de frío-No utilices tu magia entre los galopadores. La gran mayoría solo cree en la magia delos cristales del oeste y, Horsy prohibió otros tipos de magia, usarla solo empeoraría las cosas.
-¿Horsy? ¿El sheriff? ¿Por qué es tan cruel?
Las campanas de un gran reloj resonaron en el interior del edificio. Penélope se miró al espejo y se amarró el cabello blanco en forma de coleta que, segundos después se colocó de lado de modo que cayera por su hombro derecho.
-¡Llegamos tarde!-se alarmó la yegua mientras agarraba la mano de Capi y la arrastraba a través de los pasillos del establecimiento.
La música recorría el edificio desde la parte más baja hasta los pisos superiores. Los pasillos estaban repletos de habitaciones que, en su gran mayoría, se mantenían abiertos de par en par, en ellas había camas, sillas y algún que otro cuadro, como si se tratara de alguna especie de hotel.
-Aquí somos como una gran familia- explicó Penélope mientras golpeaba con suavidad la puerta de una de la habitación situada más al fondo.
-¡Adelante!-se escuchó la voz de una hembra.
Capi no recordó momentos pasados en los que se hubiera ruborizado tanto, sus ojos rojos habían visto aquella escena durante unos segundos y, su mente parecía haber hecho el resto. Dos individuos se mantenían sobre una cama, cuerpo con cuerpo, totalmente desnudos mientras los jadeos, gemidos y chirridos de la misma, le ponían su propia música a la situación.
-Yasima-habló la yegua-La nueva ya está lista.
El macho que se encontraba encima de ella empezó a gemir de forma desmesurada, agitando su cuerpo con gran velocidad hasta que, segundos después, se detuvo y se quedó acostado durante unos momentos.
-Veamos-habló Yasima mientras sujetaba la barbilla de Capi para alzar su rostro y cruzarse con su mirada carmesí.
Yasima era una burra de piel suave, con unas curvas que dejaban en duda su verdadera edad. Su voz sonaba firme, seductora y sabia, pero su apariencia parecía no combinar a la perfección. Si la panda cerraba los ojos podía imaginar una burra cubierta por un vestido de lana y haciendo punto sobre un sofá de madera vieja. Era bastante alta, mucho más que Capi y un poquito más que Penélope, en su hocico se podía distinguir una mancha blanca y sus orejas eran bastante largas. Una larga melena azabache recorría sus hombros, despeinada y con una fragancia solo sacada de algún bote de perfume.
-¿Qué te parece la gatita, madre?- habló Ysergrin desde la cama.
-Estos ojos llenos de sangre harán que muchos paguen por ti-sonrió Yasima-Esta noche será tu debut, bailarás como nunca lo has hecho. Si no lo haces te devolveré a la prisión de la que has venido.
Un pequeño regalo de navidad. No pensaba subir nada hasta después de fiestas pero no pude evitarlo. Espero que os guste y que sigais pendientes de las aventuras de Nil Panses. 1 Saludo ^__^
Nil Panses
NilPansesCapi Rosa Blanca
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NilPansesFELIZ NAVIDAD PELUDOS!
Category Story / Fantasy
Species Unspecified / Any
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Ya está, leído! xD Ha estado bien el capítulo y la forma de expresarlo, así que ahora en el oeste.. es curioso como se van desenvolviendo todo y ahora aquí, aunque esos vaqueros son algo extraños, alguien debería exterminarlos con fuego o algo.. ahógalos con tu agua y ya ta :P O algo así xD Creo que a veces te falta algo más de descripción en según qué cosas... pero estuvo bien el capi ^^
FA+
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