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Una Mujer Lobo Americana en Londres
Laura y Mark, dos jóvenes estadounidenses, decidieron embarcarse en un viaje a la campiña inglesa para escapar de las tensiones de la vida diaria. Querían descubrir la belleza de los paisajes ingleses y disfrutar de la tranquilidad que la naturaleza les ofrecía. Sin embargo, lo que comenzó como unas vacaciones placenteras pronto se convirtió en una pesadilla.
Una noche, mientras paseaban por los campos desolados, la luna llena brillaba en lo alto, bañando el paisaje con su luz plateada. La atmósfera estaba extrañamente silenciosa, como si el mundo estuviera conteniendo el aliento. Sin previo aviso, un rugido gutural rompió la quietud, y de las sombras emergió una figura monstruosa: un lobo gigantesco, con colmillos afilados como cuchillos y ojos brillantes como el fuego. Antes de que pudieran reaccionar, la criatura atacó con una furia indescriptible. Mark fue derribado al instante, su grito de terror se ahogó rápidamente por el sonido del animal desgarrándolo.
Laura intentó luchar, pero también fue atacada. La criatura la alcanzó, hiriéndola gravemente antes de desaparecer tan rápido como había llegado. De alguna manera, Laura sobrevivió, pero Mark no lo hizo. El dolor de la pérdida fue insoportable. En los días siguientes, Laura fue llevada a un hospital cercano, donde trató de recuperar sus fuerzas. Pero, a pesar de que su cuerpo sanaba, la mente de Laura seguía atrapada en esa noche. La visión de Mark, su amigo, herido y muerto, se repetía una y otra vez en sus sueños. No podía escapar de la imagen de su rostro desfigurado, sus ojos vacíos de vida, y el eco de su grito de ayuda resonando en su mente.
En su apartamento de Londres, las noches se volvían más difíciles. Los recuerdos de la tragedia no la dejaban en paz. Pero algo extraño comenzó a suceder. En los momentos de oscuridad, Laura comenzó a ver el fantasma de Mark, flotando cerca de ella, siempre con su rostro marcado por las mordeduras y arañazos de la bestia. Aunque él no hablaba, su presencia estaba cargada de una ira palpable. Cada vez que ella lo veía, escuchaba un susurro en su mente, una palabra que se repetía una y otra vez: "Venganza". La obsesión con la muerte de su amigo y la angustia por lo sucedido la consumían.
Con el paso de los días, el dolor y la ansiedad comenzaron a transformarse en algo más oscuro. Un día, mientras estaba sola en su apartamento, leyendo distraídamente un libro, un dolor agudo e indescriptible la atravesó. Comenzó en su pecho, como si una fuerza imparable estuviera desgarrándola por dentro. El dolor se extendió rápidamente, y pronto Laura sintió cómo sus huesos crujían y se alargaban, cómo su piel se estiraba y cubría de vello oscuro. La transformación había comenzado. Los músculos de su cuerpo se tensaron y se deformaron. Su rostro se alargó, convirtiéndose en una figura monstruosa, y sus dientes se alargaron, convirtiéndose en colmillos mortales.
El dolor fue insoportable. El sonido de sus huesos quebrándose resonaba en sus oídos mientras su cuerpo cambiaba. Garras afiladas emergieron de sus dedos, y el pelo oscuro cubrió su cuerpo, transformándola en una criatura salvaje. Laura gritó, pero el grito se transformó en un aullido gutural. Sus ojos humanos desaparecieron, reemplazados por un amarillo dorado que reflejaba la luz de la luna. En ese momento, Laura ya no era una persona. Era la bestia que había sido marcada por la maldición de la licantropía.
Rápidamente, sin poder controlarse, Laura saltó hacia la ventana de su apartamento. El vidrio se rompió con facilidad bajo su peso, y salió a la oscuridad de la ciudad, corriendo a gran velocidad. La ciudad se convirtió en su coto de caza. La gente que caminaba por las calles apenas tenía tiempo de reaccionar antes de que la criatura se desvaneciera en la oscuridad. Laura, ahora un animal salvaje, no pensaba, solo cazaba. Todo lo humano en ella había desaparecido.
Al día siguiente, despertó en un parque, desnuda, con el cuerpo cubierto de tierra y suciedad. Estaba desorientada, sin comprender cómo había llegado allí. Recordaba fragmentos de lo que había sucedido, pero no entendía lo que había hecho, lo que había sido. Encontró algo de ropa en una tienda cercana y, tras vestirse rápidamente, regresó a su apartamento, con una sensación de miedo y confusión. Sabía que algo estaba mal, pero no sabía cómo detenerlo.
El caos que había creado aún la perseguía. Todo lo que sabía era que no podía seguir viviendo así. No podía dejar que la bestia tomara el control una vez más.
Fue entonces cuando conoció al Dr. James Harrow, un médico encantador y atento que trabajaba en una clínica local. A pesar de las sombras que la rodeaban, James parecía ser una luz en la oscuridad de su vida. Con él, Laura comenzó a encontrar algo de paz. Las citas que compartían fueron divertidas y románticas, y la química entre ellos era innegable. Los momentos juntos la hacían sentir viva, algo que ya no había sentido en mucho tiempo. Se enamoró de James, y por primera vez en semanas, comenzó a creer que podría llevar una vida normal.
Pero esa esperanza se desmoronó una noche en el cine. Laura y James estaban disfrutando de una película romántica, sumidos en la calma de la oscuridad del cine. Laura sentía una extraña presión en su pecho, una incomodidad creciente que no podía ignorar. El dolor comenzó a arder, como si su cuerpo estuviera siendo desgarrado por dentro. Su piel se tensó, y el calor invadió sus venas. Intentó ignorarlo, pero sabía que algo terrible estaba a punto de ocurrir.
En pánico, se levantó de su asiento y corrió hacia el baño del cine. El dolor era insoportable, y su cuerpo comenzó a cambiar, como si estuviera siendo remodelado desde dentro. Sus huesos crujían, su rostro se distorsionaba, y su piel se cubría de un vello oscuro. El calor era tan intenso que casi no podía soportarlo. Garras afiladas surgieron de sus dedos, y su visión se tornó dorada, iluminada por el reflejo de la luna que entraba por las ventanas del baño. Sus ojos se agrandaron y tomaron un brillo feroz. La transformación se completó con un último estallido de dolor, y ante el espejo, la figura monstruosa de Laura se reflejó, sus facciones transformadas en las de una bestia aterradora.
Con un grito gutural, Laura salió del baño, ya completamente transformada.
El cine, que minutos antes era un lugar de risas y murmullos, se convirtió en un campo de caos. Corrió por los pasillos, destrozando todo a su paso, mientras las personas gritaban y corrían para escapar. El sonido de los vidrios rompiéndose y los muebles cayendo llenó el aire mientras Laura, en su forma de lobo, cazaba sin control. El pánico se desató mientras la criatura arrasaba el cine, destrozando el lugar por completo.
Después de lo que parecía una eternidad, el cine quedó vacío, salvo por la figura destrozada de Laura en su forma de bestia. La policía llegó al lugar, y con rapidez, intentaron detenerla. Dispararon, y uno de los balazos la alcanzó en el costado. La criatura cayó al suelo, herida y tambaleante.
James llegó justo a tiempo para ver a la bestia caer en el callejón detrás del cine. Sus ojos se encontraron con los de la criatura, y el mundo se detuvo por un momento. Reconoció a Laura en el rostro de la bestia, vio sus ojos dorados y el rastro de su sufrimiento. Desesperado, se acercó a la criatura, y cuando la levantó, vio cómo su forma comenzaba a cambiar. La bestia se desvaneció, y Laura, desnuda y herida, apareció ante él, la vida desvaneciéndose de su cuerpo.
James la sostuvo en sus brazos, llorando desconsoladamente, mientras el sonido de la policía se desvanecía en el fondo. La mujer que había llegado a amar había sido consumida por la maldición, y él no podía hacer nada para salvarla. La vida de Laura se apagó en sus brazos, mientras él la abrazaba, llorando por la pérdida de la mujer que había amado.
Laura y Mark, dos jóvenes estadounidenses, decidieron embarcarse en un viaje a la campiña inglesa para escapar de las tensiones de la vida diaria. Querían descubrir la belleza de los paisajes ingleses y disfrutar de la tranquilidad que la naturaleza les ofrecía. Sin embargo, lo que comenzó como unas vacaciones placenteras pronto se convirtió en una pesadilla.
Una noche, mientras paseaban por los campos desolados, la luna llena brillaba en lo alto, bañando el paisaje con su luz plateada. La atmósfera estaba extrañamente silenciosa, como si el mundo estuviera conteniendo el aliento. Sin previo aviso, un rugido gutural rompió la quietud, y de las sombras emergió una figura monstruosa: un lobo gigantesco, con colmillos afilados como cuchillos y ojos brillantes como el fuego. Antes de que pudieran reaccionar, la criatura atacó con una furia indescriptible. Mark fue derribado al instante, su grito de terror se ahogó rápidamente por el sonido del animal desgarrándolo.
Laura intentó luchar, pero también fue atacada. La criatura la alcanzó, hiriéndola gravemente antes de desaparecer tan rápido como había llegado. De alguna manera, Laura sobrevivió, pero Mark no lo hizo. El dolor de la pérdida fue insoportable. En los días siguientes, Laura fue llevada a un hospital cercano, donde trató de recuperar sus fuerzas. Pero, a pesar de que su cuerpo sanaba, la mente de Laura seguía atrapada en esa noche. La visión de Mark, su amigo, herido y muerto, se repetía una y otra vez en sus sueños. No podía escapar de la imagen de su rostro desfigurado, sus ojos vacíos de vida, y el eco de su grito de ayuda resonando en su mente.
En su apartamento de Londres, las noches se volvían más difíciles. Los recuerdos de la tragedia no la dejaban en paz. Pero algo extraño comenzó a suceder. En los momentos de oscuridad, Laura comenzó a ver el fantasma de Mark, flotando cerca de ella, siempre con su rostro marcado por las mordeduras y arañazos de la bestia. Aunque él no hablaba, su presencia estaba cargada de una ira palpable. Cada vez que ella lo veía, escuchaba un susurro en su mente, una palabra que se repetía una y otra vez: "Venganza". La obsesión con la muerte de su amigo y la angustia por lo sucedido la consumían.
Con el paso de los días, el dolor y la ansiedad comenzaron a transformarse en algo más oscuro. Un día, mientras estaba sola en su apartamento, leyendo distraídamente un libro, un dolor agudo e indescriptible la atravesó. Comenzó en su pecho, como si una fuerza imparable estuviera desgarrándola por dentro. El dolor se extendió rápidamente, y pronto Laura sintió cómo sus huesos crujían y se alargaban, cómo su piel se estiraba y cubría de vello oscuro. La transformación había comenzado. Los músculos de su cuerpo se tensaron y se deformaron. Su rostro se alargó, convirtiéndose en una figura monstruosa, y sus dientes se alargaron, convirtiéndose en colmillos mortales.
El dolor fue insoportable. El sonido de sus huesos quebrándose resonaba en sus oídos mientras su cuerpo cambiaba. Garras afiladas emergieron de sus dedos, y el pelo oscuro cubrió su cuerpo, transformándola en una criatura salvaje. Laura gritó, pero el grito se transformó en un aullido gutural. Sus ojos humanos desaparecieron, reemplazados por un amarillo dorado que reflejaba la luz de la luna. En ese momento, Laura ya no era una persona. Era la bestia que había sido marcada por la maldición de la licantropía.
Rápidamente, sin poder controlarse, Laura saltó hacia la ventana de su apartamento. El vidrio se rompió con facilidad bajo su peso, y salió a la oscuridad de la ciudad, corriendo a gran velocidad. La ciudad se convirtió en su coto de caza. La gente que caminaba por las calles apenas tenía tiempo de reaccionar antes de que la criatura se desvaneciera en la oscuridad. Laura, ahora un animal salvaje, no pensaba, solo cazaba. Todo lo humano en ella había desaparecido.
Al día siguiente, despertó en un parque, desnuda, con el cuerpo cubierto de tierra y suciedad. Estaba desorientada, sin comprender cómo había llegado allí. Recordaba fragmentos de lo que había sucedido, pero no entendía lo que había hecho, lo que había sido. Encontró algo de ropa en una tienda cercana y, tras vestirse rápidamente, regresó a su apartamento, con una sensación de miedo y confusión. Sabía que algo estaba mal, pero no sabía cómo detenerlo.
El caos que había creado aún la perseguía. Todo lo que sabía era que no podía seguir viviendo así. No podía dejar que la bestia tomara el control una vez más.
Fue entonces cuando conoció al Dr. James Harrow, un médico encantador y atento que trabajaba en una clínica local. A pesar de las sombras que la rodeaban, James parecía ser una luz en la oscuridad de su vida. Con él, Laura comenzó a encontrar algo de paz. Las citas que compartían fueron divertidas y románticas, y la química entre ellos era innegable. Los momentos juntos la hacían sentir viva, algo que ya no había sentido en mucho tiempo. Se enamoró de James, y por primera vez en semanas, comenzó a creer que podría llevar una vida normal.
Pero esa esperanza se desmoronó una noche en el cine. Laura y James estaban disfrutando de una película romántica, sumidos en la calma de la oscuridad del cine. Laura sentía una extraña presión en su pecho, una incomodidad creciente que no podía ignorar. El dolor comenzó a arder, como si su cuerpo estuviera siendo desgarrado por dentro. Su piel se tensó, y el calor invadió sus venas. Intentó ignorarlo, pero sabía que algo terrible estaba a punto de ocurrir.
En pánico, se levantó de su asiento y corrió hacia el baño del cine. El dolor era insoportable, y su cuerpo comenzó a cambiar, como si estuviera siendo remodelado desde dentro. Sus huesos crujían, su rostro se distorsionaba, y su piel se cubría de un vello oscuro. El calor era tan intenso que casi no podía soportarlo. Garras afiladas surgieron de sus dedos, y su visión se tornó dorada, iluminada por el reflejo de la luna que entraba por las ventanas del baño. Sus ojos se agrandaron y tomaron un brillo feroz. La transformación se completó con un último estallido de dolor, y ante el espejo, la figura monstruosa de Laura se reflejó, sus facciones transformadas en las de una bestia aterradora.
Con un grito gutural, Laura salió del baño, ya completamente transformada.
El cine, que minutos antes era un lugar de risas y murmullos, se convirtió en un campo de caos. Corrió por los pasillos, destrozando todo a su paso, mientras las personas gritaban y corrían para escapar. El sonido de los vidrios rompiéndose y los muebles cayendo llenó el aire mientras Laura, en su forma de lobo, cazaba sin control. El pánico se desató mientras la criatura arrasaba el cine, destrozando el lugar por completo.
Después de lo que parecía una eternidad, el cine quedó vacío, salvo por la figura destrozada de Laura en su forma de bestia. La policía llegó al lugar, y con rapidez, intentaron detenerla. Dispararon, y uno de los balazos la alcanzó en el costado. La criatura cayó al suelo, herida y tambaleante.
James llegó justo a tiempo para ver a la bestia caer en el callejón detrás del cine. Sus ojos se encontraron con los de la criatura, y el mundo se detuvo por un momento. Reconoció a Laura en el rostro de la bestia, vio sus ojos dorados y el rastro de su sufrimiento. Desesperado, se acercó a la criatura, y cuando la levantó, vio cómo su forma comenzaba a cambiar. La bestia se desvaneció, y Laura, desnuda y herida, apareció ante él, la vida desvaneciéndose de su cuerpo.
James la sostuvo en sus brazos, llorando desconsoladamente, mientras el sonido de la policía se desvanecía en el fondo. La mujer que había llegado a amar había sido consumida por la maldición, y él no podía hacer nada para salvarla. La vida de Laura se apagó en sus brazos, mientras él la abrazaba, llorando por la pérdida de la mujer que había amado.
Category Story / Fantasy
Species Werewolf / Lycanthrope
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