Arctic Blues - La batalla del Expreso Ártico
by 3-000
Martescribe
7 months ago
Arctic Blues
Capítulo 1
La batalla del Expreso Ártico
Capítulo 1
La batalla del Expreso Ártico
Historia escrita por Martes
Pura blancura.Copos cayendo lentamente, sin hacer ruido.
Entonces el tren corta el aire como una bala.
Kay se estrella contra el techo. Como está cubierto por una gruesa capa de hielo, resbala hacia la orilla, apenas logrando a agarrarse de una asidera antes de terminar triturado entre las ruedas. Alcanza a ver una sombra antes de que el lobo aterrice unos vagones más atrás, desenvainando su espada.
—¡¿Por qué no te mueres, maldita sea?! —grita el lobo.
El huevo y la botella sobrevivieron el impacto, protegidos por su brazo derecho, aunque no resistiría mucho así
El huevo y la botella sobrevivieron el impacto, protegidos por su brazo derecho, aunque no resistiría mucho así. Usando toda la fuerza de su brazo izquierdo, el reno escala hasta incorporarse sobre el tren. Los cortes de la espada y el disparo del cañón destruyeron su gabardina favorita.
"Malditos. Pagarán por esto."
Con su brazo libre desgarra los jirones restantes, descubriendo su musculoso torso blanco al frío glacial. El lobo se detiene en seco. Cualquiera moriría de hipotermia en cuestión de minutos, pero lo que le llamó la atención fue el brazo izquierdo: del pectoral a la punta de las garras, todo estaba hecho de hielo.
Cualquiera moriría de hipotermia en cuestión de minutos, pero lo que le llamó la atención fue el brazo izquierdo: del pectoral a la punta de las garras, todo estaba hecho de hielo
Y a pesar de tener el viento en contra, el lobo escupe tres veces a sus pies.
El lobo se lanza hacia el reno, lanzando una serie de cortes y tajos al cuerpo blanco, sin embargo, Kay usa su brazo de hielo como arma y escudo. El acero no hace ni un rasguño en la fría superficie. "Pero no todo su cuerpo está hecho de hielo" notó el lobo, "No lucha al 100%." El brazo derecho equilibraba el huevo y la botella. "Mejor para mí. Mi misión es recuperar la evidencia, no traerlo con vida."
Así que concentra sus ataques en las zonas vulnerables. Kay ya lo esperaba. El reno lanza los objetos al aire, golpeando y cambiándolos de mano al atraparlos. El brazo izquierdo era un escudo y al minuto siguiente un filo cortando el aire, pero el lobo no debía descuidar el resto del cuerpo porque el reno luchaba como un boxeador profesional. Todos sus huesos se estremecieron cuando bloqueó una poderosa patada.
—¿Qué pasa, Grimm? —grita Kay —. ¿Se te está acabando el aire?
El lobo gruñe, enseñando los dientes, y su ataque habría cortado de un solo tajo un tubo de metal. Pero cuando la espada alcanza el antebrazo helado con esa fuerza, esta se rompe en miles de pedazos.
Kay mira a Grimm, Grimm mira atrás de Kay. Una fracción de segundo.
El reno comprendió demasiado tarde. Choca de espaldas contra la pared del túnel, el impacto haciéndolo tirar las cosas. Grimm se desliza, atrapando el huevo, y para cuando el tren emerge del otro lado, desaparece. Usando todas sus fuerzas para no quedarse inconsciente, Kay extiende un brazo y toma el cuello de la botella con los dedos.
Kay se levanta, mirando los techos vacíos. Grimm no podía haber ido lejos: había perdido demasiado calor en la batalla. Eso significaba que había un solo lugar al cual huir, con dos posibles direcciones. Clacula la posición actual del lobo basándose en la velocidad de su desaparición y su más probable estrategia de desorientación. Su próximo ataque tenía un margen de error del 20%. Demasiado para su gusto. Kay corre hacia el final del tren y salta al vacío, atrapando una asidera y estrellándose hacia el interior.
El vagón es cálido y cómodo, con asientos acolchonados y hasta pequeñas arañas de cristal en el techo. Los pasajeros se encogen asustados cuando el reno se alza imponente, sacudiéndose los vidrios del cuerpo.
Ahí está Grimm, jadeando y sosteniendo el huevo con su mano derecha. Kay acertó: el lobo había intentado ir hacia el final del tren en lugar de a la locomotora para ganar algo de tiempo y escapar.
—Se acabó, Grimm. No hay salida.
El lobo mira frenético en torno suyo, pero sabía también que había perdido la batalla. Sin un arma, no era rival para el reno. Entonces Kay nota el ínfimo temblor que tuvo cuando miró hacia la ventana rota. "No sería capaz." Pero así lo hizo Grimm.
El lobo lanza el huevo hacia la ventana rota, por lo que Kay tuvo que estirarse para evitar que se perdiera en los páramos helados, oportunidad que Grimm aprovechó para lanzarse y darle una patada en el gran punto expuesto. Kay retrocede, el aire sacado de sus pulmones, y su cornamenta se atora en uno de los candelabros.
Grimm no ataca, sino que pasa al lado de él en un parpadeo y escapa por la puerta que da para los vagones finales. Hay un gran rechinido metálico.
Con un rugido y venas saltando en su grueso cuello, Kay arranca la araña del techo y se abalanza torpemente hacia la puerta. Demasiado tarde. Grimm había desprendido los vagones y giraba la manivela de los frenos. Para cuando Kay se quitaba el adorno de la cabeza, ya había más de diez metros entre ellos. Observó al lobo quedarse atrás mientras el tren lo jalaba cada vez más lejos de su objetivo. Intercambiaron una última mirada antes de que la nieve difuminara sus rostros.
El reno resopla por la nariz antes de darse la vuelta para volver al interior. Deja la botella y el huevo en una mesa mientras se aproxima a un banco vacío. Kay lo desprende entero del suelo y cubre con él la ventana rota, asegurándolo con las correas del equipaje.
—Eso debería bastar hasta la estación. ¿Todos se encuentran bien?
Los pasajeros asienten en silencio, todavía intimidados. Cuando Kay vuelve por las cosas, encuentra a un pequeño zorro artíco admirando el huevo hecho de joyas. No fue hasta que la sombra de los grandes pectorales oscureció el brillo que el niño levantó la vista. Su vista se posa en el brazo de hielo.
—¿Eres un superhéroe?
Kay se acuclilla para hablarle a la cara.
—Me temo que no soy tan interesante, pequeño —dice, extendiendo el brazo para que lo toque —. Solo soy un humilde detective.
Los ojos del niño brillan de admiración.
De pronto sus músculos se tensan cuando alguien se levanta atrás de él.
—¿Alexei? ¿Alexei, eres tú?
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